
FUE EL BLANCO DE LAS ENTRADAS MÁS DURAS Y ACABÓ CON UNA CAPSULITIS EN LA MANO
Leo Messi realizó un partido completísimo, el ariete estuvo verdaderamente inmenso. Jugó los noventa minutos y lo hizo a tope: estuvo en todas las jugadas importantes, llevó en gran medida el peso del ataque azulgrana e incluso envió un balón al palo cuando apenas quedaban unos segundos de partido. Pero también fue protagonista por otras cuestiones...
Y es que el delantero azulgrana fue el blanco de las iras de los jugadores del Zaragoza. Diogo se cebó especialmente con los tobillos del argentino, sin ser amonestado por Medina Cantalejo; la defensa blanquilla apenas permitió que Messi tocase balones sin que recibiese una patadita por aquí o un empujoncito por allá. Y finalmente, su compañero de selección D’Alessandro puso la guinda: el extremo argentino no aceptó que Leo le bailase en una jugada y que se permitiese determinadas licencias, y le propinó un cabezazo, evidentemente, con la consiguiente expulsión del delantero zaragozano. En cualquier caso, Messi dejó claro que ha vuelto y que lo ha hecho al cien por cien. Sin duda, el argentino demostró que pese a llevar tres meses inactivo sigue siendo el mismo de siempre. Pertinaz, incisivo, veloz, luchador... Y es que el delantero azulgrana brilló con luz propia en la noche de La Romareda.
El Liverpool ya puede prepararse de cara al encuentro de vuelta, porque con este Messi pletórico y con Eto’o, que ante el Athletic demostró que vuelve con ganas, el milagro es posible. El delantero argentino es la prueba de que el Barça está, poco a poco, volviendo a la senda que lo llevó a convertirse en campeón de Europa.